Chimentos
A los 77 años, murió Cacho Castaña
El cantante, autor y compositor Cacho Castaña murió este martes a los 77 años, luego de permanecer internado en terapia intensiva en los últimos días en el Sanatorio de Los Arcos. La salud del músico estaba muy deteriorada a raíz de varios problemas de salud que sufrió y el último se debió por el ingreso de una bacteria a sus pulmones.



Hincha de San Lorenzo, Castaña fue un porteño de ley. Más allá de lo gracioso de sus dichos, tenía en su música y en sus actitudes cierta nostalgia tanguera y códigos de barrio.

Recordaba a sus padres y a sus dos hermanos mayores con cuatro estrellas tatuadas en su mano derecha. Uno de sus temas más famosos termina con este verso: “Por eso vuelvo hasta la esquina del boliche a buscar la barra eterna de Gaona y Boyacá. ¡Ya son pocos los que quedan! Vamos, muchachos, esta noche a recordar una por una las hazañas de otros tiempos y el recuerdo del boliche que llamamos La Humedad”.
Cacho nació como Humberto Vicente Castagna el 11 de junio de 1942, en el porteño barrio de Flores. Su pasión por la música comenzó a manifestarse en el piano, cuando era chico.

Con los años, otras experiencias no le faltaron; de la noche y de los excesos dio testimonio. En el autobiográfico Cacho de Buenos Aires, cantó Por esa puta costumbre de hacerme el galán de moda, tomando whisky sin hielo, saber que es mala la droga. Y pasados los 60 decía del cigarrillo: “Este es el único vicio que me queda”.

De las mujeres escribió temas como Me gustan las mujeres con pasado, pero un día se casó con la hija de uno de sus amigos (Andrea Sblano), casi cuatro décadas menor que él. Y cuando se separó conoció a Marina Rosenthal, también varias décadas más joven. De lo mundano y lo espiritual también hay datos: se interesó por la egiptología, por el umbandismo, la meditación y el control mental.

También experimentó la fama en la pantalla chica, en la grande y, sobre todo, en los escenarios de la música. Entre discos de oro y de platino llegó a acumular tres decenas a lo largo de toda su carrera. Sus temas más difundidos fueron a modo de dedicatorias. Café La Humedad (a un café de su barrio), Garganta con arena (a Roberto Goyeneche), Tita de Buenos Aires (a la Merello) y más recientemente La Gata Varela (a su amiga Adriana Varela).

Además de recorrer escenarios, fue convocado para una decena de películas: desde su debut en El mundo es de los jóvenes a la serie del amor (La carpa..., La playa... y La discoteca...) de Adolfo Aristarain. Y de ahí a Felicidades, estrenada en 2000.

Ya en los noventa, su popularidad no era la misma que la de sus comienzos. Sin embargo, comenzado el nuevo milenio lo redescubrieron gracias a nuevos discos grabados, premios como el Gardel y el Estrella de Mar y con participaciones como actor o autor e intérprete de temas en tiras televisivas diarias como Los Roldán y Por amor a vos y como uno de los personajes de un quinteto terrible, en el programa Buenos muchachos.

Cacho, que tuvo casi tantas internaciones por problemas de salud como resurrecciones, seguramente dejará el recuerdo de ese paradigma de porteño, las melodías y los versos de Café La Humedad, Garganta con arena y Qué tango hay que cantar (este último con música de Rubén Juárez); y probablemente algunas ingeniosas salidas que remataba en frases,
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