Politica
Eduardo Ledesma
GUILLERMO “PIPÍ” BLANCO, IN MEMORIAN (08/08/79 - 26/11/20)
El Maradona que yo conocí no se llamó Diego Armando, aunque era de Boca, siempre usaba la 10, era zurdo y llevó mucho tiempo la cinta de capitán por Eduardo Ledesma.


El Maradona que yo conocí no se llamó Diego Armando, aunque era de Boca, siempre usaba la 10, era zurdo y llevó mucho tiempo la cinta de capitán.

Este otro Maradona también se hizo en el barro de un patio húmedo y en los pozos de una calle dibujada apenas, finita, trazada como una huella en los bordes de un pueblo viejo, lagunero, manso, pero de hijos bravos, algunos sabios y otros heroicos.

Este otro Maradona fue nuestro capitán en muchas cruzadas y arremetidas. En la cancha y fuera de ella. En la calle, de día y de noche; en el estudio como en el disfrute cerca de los fuegos; o en esas guitarreadas sin tiempo, mal cantadas pero bien entonadas. En las cosas buenas y en las que experimentamos y fueron mejores.
¡Tanta vida vivida Pipi querido, tanta!

No alcanzan estas horas para mensurar todo lo bueno que nos dejaste. Ese nosotros es inmenso: se arma con los de allá y los de acá, con los de todas partes, porque anduviste por la vida sembrando amistad querido Pipi, y sé que pudiste ver la cosecha.

Esta vez bancame la brevedad. En realidad no hay alfabeto que alcance para calibrar el dolor que sentimos. No hay palabra suficiente para despedir a un hermano de toda la vida y menos así, de repente, con apenas 41 años y una ristra de proyectos. Y ninguna que nos resigne al ensañamiento que puede tener una enfermedad con alguien como vos. Duele y mucho, como te dolió.
***
El Maradona que yo conocí no se llamó Diego Armando, aunque era de Boca, siempre usaba la 10, era zurdo, llevó mucho tiempo la cinta de capitán y le gustaba mucho la juntada con amigos, la comida, la música, la guitarra, el chamamé, pero también la zamba de Los Chalchaleros y el tango de Julio Sosa.

Este otro, el nuestro, tuvo un nombre y un destino: se llamó Guillermo Gabriel Blanco. Nació en agosto del 79, vio al otro levantar la copa en el 86, lloramos con él en los 90, aunque después cantamos siempre, con alegría nostalgiosa, aquel himno inolvidable: “Notti magiche, inseguendo un gol, /Sotto il cielo di un’estate italiano”...

Cuando todavía era Pipí jugó a todo, pero amó el fútbol y lució la 10 en la espalda de la camiseta roja de Calle Poí. Cuando ya no pudo jugar, se convirtió en Guillermo y se dedicó a contar, historizar y analizar el deporte con las herramientas del periodismo. Tocó el cielo y vio las muchas formas del infierno. Subió y bajó hasta que dijo adiós.

Este otro Maradona vio que el otro apuró la marcha y entonces decidió acompañarlo. Se llamaba Guillermo Blanco. Nació en Saladas el 8 de agosto de 1979 y murió en Corrientes el 26 de noviembre del año de la peste. Tal vez ahora estén juntos, a solas, como cuando se encontraron en Empedrado para hacer esa nota que hoy tiene otro valor y es inmensa como ambos.

Chau Pipí querido. Ya nos veremos y habrá cordero asado. Acá, mientras tanto, nos quedamos a recordarte. Hasta siempre hermano.
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