Politica
NACIÓ EN SAN LUIS Y FUE VICARIO DE SALADAS
Luis Molina, el sacerdote que llevó el chamamé y la danza hasta Japón
Es el párroco de la iglesia del Pirayuí y ahora está haciendo shows a 18.000 kilómetros. Se fue en octubre y volverá en diciembre. Hoy cumple 36 años.



Luis Molina es correntino y nació en San Luis del Palmar hace exactamente 36 años. Su fe lo llevó a formarse para ser sacerdote, vocación que abrazó y que lleva adelante hace varios años. Actualmente está a cargo de la parroquia Nuestra Señora del Valle, del barrio Pirayuí.

Pero además de su vocación sacerdotal, Luis tiene otra pasión: el chamamé. Justamente su amor por la música local lo llevó ahora a uno de los puntos más lejanos del planeta. Desde octubre se encuentra en Japón, bailando y haciendo conocer la música correntina. Allá, junto con otras cuatro personas están presentando un espectáculo llamado Fiesta Argentina.

El sacerdote dialogó ayer con la redacción, en lo que fue la mañana del jueves en esta parte del mundo pero ya casi la hora de acostarse en Japón, debido a las 12 horas de diferencia. "Estamos haciendo una experiencia como un intercambio cultural, que incluye música, danza e idioma guaraní", contó.

"Con un grupo incorporamos el chamamé en las misas"

LUIS MOLINA, SACERDOTE

Luis se desempeña con naturalidad en los tres ámbitos, por lo que se le pudo dar la posibilidad de conocer por primera vez el país nipón.

"El primer contacto lo tuvimos en 2019 con un japonés que se interesó mucho por el chamamé, y fue quien armó esta gira", contó el sacerdote. La delegación llegó el 23 de octubre y la vuelta será recién el 4 de diciembre, por lo que la experiencia será en total de un mes y medio. Hasta el momento ya hicieron dos shows y planean más. Actuaron en el lobby de uno de los hoteles más lujosos del país, donde Luis pudo desplegar todo su talento.

Junto con Fernando Silva (contrabajista), Facundo Rodríguez (guitarrista) y Julio Ramírez (en el bandoneón y el acordeón) se encuentran desperdigando el chamamé que hace poco tiene el título formal de patrimonio inmaterial de la humanidad, pero que en los hechos lo es desde hace bastante tiempo. La integrante restante es Luli Fernández, también correntina.

Luis baila en el ballet Mainumby, y el chamamé y otras vertientes folclóricas son su pasión, pero aclaró al respecto: "Me gusta bailar y siempre lo hago, pero siempre y cuando no interfiera con mi vida sacerdotal, que es mi prioridad".

Tanto es así que, cuando surgió la posibilidad de ir a Japón tuvo que tomar la decisión de dejar, aunque sea por poco tiempo, su parroquia. "Pedí permiso por supuesto, y me dijeron que sí, que vaya sin ningún problema". En este sentido, destacó la labor de "mis hermanos sacerdotes que me están cubriendo".

Ahora, espera cumplir con la agenda para poder retornar, y estar de nuevo haciendo lo que es para él su mayor vocación, estando frente a los fieles oficiando misa y ser la cabeza de la parroquia del barrio Pirayuí.

Como para que el periplo en el país oriental sea todavía más especial, Luis Molina está hoy, justamente, celebrando allí su cumpleaños 36. Obviamente, los saludos empezaron a llegarle a la medianoche de Japón, pero cuando aquí recién era el mediodía de ayer. Para celebrar, se animaron al asado, tradición bien argentina más allá del punto del planeta donde uno se encuentre.

Chamamé

El viaje y los shows le permitieron ver a la música desde otra mirada, o al menos detectar lo que significa para otros en un punto tan lejano como culturalmente distinto a Corrientes. En este sentido, el sacerdote comentó que "me di cuenta de que el chamamé no tiene dueño".

Y agregó al respecto que "decimos que es orgullo correntino, pero es increíble ver la pasión que tienen los japoneses, que además hacen un chamamé que es una locura".

Pero su vocación sacerdotal, su fe y su amor por el chamamé no transitan por caminos separados. Habiéndose criado escuchando a los Hermanos Barrios pero paseándose con gusto por todos los estilos, trabaja desde hace tiempo en la inclusión de esta música en la iglesia.

"Con un grupo de chicos venimos incorporando más el chamamé en las misas", contó ayer.
Así, combina su fe con lo que considera un hobby, el mismo que lo llevó ahora a estar a más de 18.000 kilómetros de su parroquia y de su San Luis natal.
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