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Boca apagó el incendio con un triunfo en el Monumental y hundió más a River
Ganó 1-0 con un cabezazo perfecto de Viatri, y volvió a ponerse a ocho puntos del líder San Lorenzo. El equipo de Ischia jugó casi todo el segundo tiempo con uno menos, por la expulsión de Ibarra. Cuando Baldassi marcó el final, hubo un abrazo entre Riquelme y Cáceres. Los Millonarios comparten la última posición en la tabla con Central.
Se cerró el cabaret. Lo cerró Boca con autoridad en el Monumental. El equipo de Ischia hizo del Superclásico un triunfazo. Venció a River por 1-0 con un golazo de Lucas Viatri de cabeza, con toda la magia de Juan Román Riquelme, con hombría y con coraje. Cualidades que les faltaron a los dirigidos por Diego Simeone, que quedaron últimos en el Apertura, junto con Central. Como postal de la extraordinaria victoria de Boca quedó el abrazo apretado de Riquelme y el paraguayo Cáceres, ambos de gran partido. Fue pura impotencia lo de River, a pesar de haber jugado por 38 minutos con un jugador más, ya que Hugo Ibarra se hizo echar al inicio del complemento. El público local insultó, pidió más huevos y despidió con silbidos a sus jugadores. No fue bueno el arranque del partido en el Monumental. Imprecisiones de los dos lados y más cautela que vértigo. Funcionó casi a la perfección el esquema táctica que dibujó Ischia con una línea de cuatro atrás. Battaglia encima de Buonanotte, Vargas colaborando. Dátolo por izquierda nunca dejó de correr. Toda la calidad de Riquelme, la movilidad de Nico Gaitán y la presencia de Viatri en el área. River, en cambio, se paró para jugar de contra. Desinteligencias entre Cabral y Tuzzio, poca decisión de Ferrari para pasar al ataque. Los volantes muy contenidos: Ahumada más preocupado por marcar a Román, Augusto Fernández casi sin pasar al ataque y Abelairas frío por izquierda. Lo mejor fue el Enano que le ganó el mano a mano a Battaglia en el primer tiempo, y Falcao siempre picante. Lo de Salcedo fue cero al as. La pelota casi siempre fue de Boca en el primer tiempo. El circuito Riquelme-Gaitán se mostraba muy aceitado. Aunque la visita no llegó con real peligro al arco de Ojeda. River lastimó más. Con un disparo de Abelairas a los 10 que tapó bien Javier García. Y con un zurdazo de Falcao a los 18 que dio en el palo y le quedó al arquero. También Villagra hizo revolcar al juvenil arquero de Boca. En líneas generales, el partido no fue bueno en la primera mitad. Boca manejó los tiempos y River fue más incisivo, pero el cero en el marcador quedó clavado. Parecía que todo iba a cambiar en el segundo tiempo. A los 7, a Ibarra se le fue la boca con el línea Ricardo Casas. Baldassi consultó a su asistente y no dudó en mostrarle la roja al capitán xeneize. Levantó la gente de River, pero no el equipo. Con el envión anímico que le brindó la expulsión del formoseño, el local intentó comerse a su rival. Pero se dio al revés, con uno menos fue Boca el que pasó por arriba a River. El fastidio entre los jugadores de River, el propio Simeone y, sobre todo, el de la gente, fueron apagando ese fuego que se había encendido. A los 13, Falcao le dio al arcoen vez de tirar el centro atrás. El murmullo fue general. Riquelme, siempre solidario con sus compañeros para mostrarse libre, puso la pelota abajo de su suela y Boca otra vez era el dominador del juego. A los 16, se quebró el partido. Dátolo recibió una falta cerca de la mitad de la cancha. Román, como en el clásico anterior en La Bombonera, donde orquestó el gol de Battaglia tras un tiro de esquina, comandó a las tropas al área. El centro fue perfecto y el cabezazo de Viatri letal. El reemplazante de Palermo le dio el frentazo casi en la puerta del área grande y se la cambió de palo a Ojeda. La pelota entró en el ángulo para decretar el 1-0. Vivo Ischia, enseguida mandó a la cancha a Calvo por Gaitán y rearmó a la defensa. Simeone probó con Andrés Ríos en lugar de Augusto (ya estaba en la cancha Mauro Díaz por el apático Salcedo). Nada se modificó. Aunque River tuvo el empate con otra pelota parada. Abelairas envió el centro de zurda a los 25. Ríos tocó antes de García y la pelota se fue al lado del palo derecho. La gente, fastidiada, empezó a pedir huevo... Fue en vano. Ahí apareció lo mejor de Riquelme. Tuvo el segundo en sus pies el enganche después de una horrible salida desde el fondo del local. Amagó, se desprendió de tres rivales, y sacó un derechazo cruzado que no fue gol por esas cosas que tiene el azar. River empujaba, pero nada más. Creció Battaglia, Morel y los centrales. Curiosamente, a los 30, Cáceres recuperó y tocó para Román que la cambió a la izquierda para Viatri. Mano a mano, el pibe se le picó a Ojeda y se la sacaron en la línea. Boca justificaba la victoria. River, descontrolado, no encontraba los caminos. Ahumada vio la amarilla tras un caño de Vargas y el Cholo lo sacó. Poco pudo hacer Ponzio. Noir entró por Viatri. Pero el partido se fue con la pelota en los pies de Román que fabricó mil faltas y metió pases de lujo. Baldassi pitó el final, el estadio silbó. Casi todos por excepción de esos 2.400 hinchas visitantes que no paraban de festejar en la popular. Los jugadores en el campo de juego se sacaron toda la mufa. Celebraron aliviados la victoria en el Superclásico. Una victoria que los vuelve a poner en carrera en el Apertura (a ocho de San Lorenzo). Y con el abrazo entre Riquelme y Cáceres quedó cerrado definitivamente el cabaret. [b]Clarin.com[/b]
Se cerró el cabaret. Lo cerró Boca con autoridad en el Monumental. El equipo de Ischia hizo del Superclásico un triunfazo. Venció a River por 1-0 con un golazo de Lucas Viatri de cabeza, con toda la magia de Juan Román Riquelme, con hombría y con coraje. Cualidades que les faltaron a los dirigidos por Diego Simeone, que quedaron últimos en el Apertura, junto con Central. Como postal de la extraordinaria victoria de Boca quedó el abrazo apretado de Riquelme y el paraguayo Cáceres, ambos de gran partido. Fue pura impotencia lo de River, a pesar de haber jugado por 38 minutos con un jugador más, ya que Hugo Ibarra se hizo echar al inicio del complemento. El público local insultó, pidió más huevos y despidió con silbidos a sus jugadores. No fue bueno el arranque del partido en el Monumental. Imprecisiones de los dos lados y más cautela que vértigo. Funcionó casi a la perfección el esquema táctica que dibujó Ischia con una línea de cuatro atrás. Battaglia encima de Buonanotte, Vargas colaborando. Dátolo por izquierda nunca dejó de correr. Toda la calidad de Riquelme, la movilidad de Nico Gaitán y la presencia de Viatri en el área. River, en cambio, se paró para jugar de contra. Desinteligencias entre Cabral y Tuzzio, poca decisión de Ferrari para pasar al ataque. Los volantes muy contenidos: Ahumada más preocupado por marcar a Román, Augusto Fernández casi sin pasar al ataque y Abelairas frío por izquierda. Lo mejor fue el Enano que le ganó el mano a mano a Battaglia en el primer tiempo, y Falcao siempre picante. Lo de Salcedo fue cero al as. La pelota casi siempre fue de Boca en el primer tiempo. El circuito Riquelme-Gaitán se mostraba muy aceitado. Aunque la visita no llegó con real peligro al arco de Ojeda. River lastimó más. Con un disparo de Abelairas a los 10 que tapó bien Javier García. Y con un zurdazo de Falcao a los 18 que dio en el palo y le quedó al arquero. También Villagra hizo revolcar al juvenil arquero de Boca. En líneas generales, el partido no fue bueno en la primera mitad. Boca manejó los tiempos y River fue más incisivo, pero el cero en el marcador quedó clavado. Parecía que todo iba a cambiar en el segundo tiempo. A los 7, a Ibarra se le fue la boca con el línea Ricardo Casas. Baldassi consultó a su asistente y no dudó en mostrarle la roja al capitán xeneize. Levantó la gente de River, pero no el equipo. Con el envión anímico que le brindó la expulsión del formoseño, el local intentó comerse a su rival. Pero se dio al revés, con uno menos fue Boca el que pasó por arriba a River. El fastidio entre los jugadores de River, el propio Simeone y, sobre todo, el de la gente, fueron apagando ese fuego que se había encendido. A los 13, Falcao le dio al arcoen vez de tirar el centro atrás. El murmullo fue general. Riquelme, siempre solidario con sus compañeros para mostrarse libre, puso la pelota abajo de su suela y Boca otra vez era el dominador del juego. A los 16, se quebró el partido. Dátolo recibió una falta cerca de la mitad de la cancha. Román, como en el clásico anterior en La Bombonera, donde orquestó el gol de Battaglia tras un tiro de esquina, comandó a las tropas al área. El centro fue perfecto y el cabezazo de Viatri letal. El reemplazante de Palermo le dio el frentazo casi en la puerta del área grande y se la cambió de palo a Ojeda. La pelota entró en el ángulo para decretar el 1-0. Vivo Ischia, enseguida mandó a la cancha a Calvo por Gaitán y rearmó a la defensa. Simeone probó con Andrés Ríos en lugar de Augusto (ya estaba en la cancha Mauro Díaz por el apático Salcedo). Nada se modificó. Aunque River tuvo el empate con otra pelota parada. Abelairas envió el centro de zurda a los 25. Ríos tocó antes de García y la pelota se fue al lado del palo derecho. La gente, fastidiada, empezó a pedir huevo... Fue en vano. Ahí apareció lo mejor de Riquelme. Tuvo el segundo en sus pies el enganche después de una horrible salida desde el fondo del local. Amagó, se desprendió de tres rivales, y sacó un derechazo cruzado que no fue gol por esas cosas que tiene el azar. River empujaba, pero nada más. Creció Battaglia, Morel y los centrales. Curiosamente, a los 30, Cáceres recuperó y tocó para Román que la cambió a la izquierda para Viatri. Mano a mano, el pibe se le picó a Ojeda y se la sacaron en la línea. Boca justificaba la victoria. River, descontrolado, no encontraba los caminos. Ahumada vio la amarilla tras un caño de Vargas y el Cholo lo sacó. Poco pudo hacer Ponzio. Noir entró por Viatri. Pero el partido se fue con la pelota en los pies de Román que fabricó mil faltas y metió pases de lujo. Baldassi pitó el final, el estadio silbó. Casi todos por excepción de esos 2.400 hinchas visitantes que no paraban de festejar en la popular. Los jugadores en el campo de juego se sacaron toda la mufa. Celebraron aliviados la victoria en el Superclásico. Una victoria que los vuelve a poner en carrera en el Apertura (a ocho de San Lorenzo). Y con el abrazo entre Riquelme y Cáceres quedó cerrado definitivamente el cabaret. [b]Clarin.com[/b]
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