Politica
Análisis del discurso del tedeum
Un mensaje contra la grieta, el odio y la “escandalosa ostentación”
El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, eligió la escena bíblica de la curación de un paralítico para graficar las postraciones que afectan hoy a la Argentina y señalar la profundidad de la crisis, así como los desafíos pendientes del Gobierno y de la dirigencia política en general.
En tiempos de discursos que promueven el odio –con el Presidente como exponente de esta estrategia-, llamó a deponer enfrentamientos y a priorizar la búsqueda de caminos de diálogo, amistad e integración para evitar el “desmembramiento social”, concepto que tomó de cuando el papa Francisco, todavía como arzobispo Jorge Bergoglio, le advirtió al entonces presidente Carlos Menem: “La sombra del desmembramiento social se asoma en el horizonte”.
En su homilía, García Cuerva recurrió a distintas frases de los papas Francisco y León XIV, especialmente para reclamar por sectores siempre postergados y que fueron golpeados por los recortes del Gobierno, como el de los discapacitados y los jubilados. También criticó a “quienes viven de privilegios, alejados del común de la gente” y al “despilfarro” y la “escandalosa ostentación”, otro mensaje que contrasta con el discurso de Milei, que ante las críticas a funcionarios libertarios, insiste en que cada uno puede hacer “con su plata lo que quiera”.
EL DISCURSO COMPLETO
Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Este pasaje en el que Jesús cura a un paralítico corresponde al capítulo 2 del Evangelio de San Marcos y, como ocurre cada año en el tedeum, la lectura es elegida especialmente para esta celebración, en este caso por el arzobispo de Buenos Aires, que el año pasado eligió el pasaje de una niña enferma a la que Jesús sanó.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: «¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual».
Marcos 2, 1-12
El mensaje que compartiré quiere ser un aporte, a la luz de la Palabra de Dios, para la reflexión de todos los actores de la sociedad argentina, convencido de que entre todos construimos la Patria, más allá de saber que, luego, algunas frases puedan ser tomadas de manera aislada para querer alimentar la fragmentación.
García Cuerva incluye cada año en sus homilías en los tedeum esta frase introductoria, siempre la misma, para despegarse de posteriores interpretaciones.
Como aquella gente en Cafarnaúm, hoy 25 de mayo también nosotros nos reunimos en torno a Jesús y su Palabra para juntos rezar y pedir por nuestra Patria.
Cuatro hombres acercan un paralítico a Jesús, alguien que no podía caminar, que no podía pararse por sus propias fuerzas. Hoy también muchos hermanos experimentan estar paralizados en sus esperanzas, en sus oportunidades, en su dignidad. Desde hace muchos años se sienten postrados, tirados al borde del camino de la vida, y ya no tienen fuerzas para seguir, no pueden sostenerse en sus derechos tan postergados.
Se refiere a sectores con “derechos” postergados, como una crítica a la falta de respuesta del Estado. García Cuerva no limita su reclamo a este gobierno, sino que dice que es algo que pasa “desde hace muchos años”.
Y no es cuestión de buscar rápidamente responsables, que, con sinceridad, y cada uno desde su lugar, un poco somos todos, sino en tomar conciencia que tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a curar tantas parálisis personales, familiares, y también sociales. Como aquellos cuatro hombres, que se hicieron cargo, que no buscaron culpables, sino soluciones.
Este párrafo puede ser leído como un guiño al Gobierno porque sostiene que las responsabilidades son compartidas de algún modo por “todos”.
Ellos podían caminar, y esto los hizo solidarios con el dolor ajeno; la vida seguramente les dio más oportunidades, y por eso fueron más sensibles frente al paralítico. No lo dejaron tirado, porque nadie es descartable, nadie es desechable, todos somos importantes, comenzando por los abuelos, los niños, los enfermos, las personas con discapacidad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados, y tantos más.
Como en la elección de la lectura del Evangelio, en este pasaje hay otra referencia directa a las personas con discapacidad, un sector muy golpeado por los recortes del Gobierno, que protagonizó duros reclamos. También a los jubilados, que no lograron recomponer sus haberes y que fueron afectados por ajustes en el PAMI.
El Papa León XIV nos recuerda que la pregunta recurrente es siempre la misma:
“¿Los menos dotados no son personas humanas? ¿Los débiles no tienen nuestra misma dignidad? ¿Los que nacieron con menos posibilidades valen menos como seres humanos, y sólo deben limitarse a sobrevivir? De nuestra respuesta a estos interrogantes depende el valor de nuestras sociedades y también nuestro futuro. O reconquistamos nuestra dignidad moral y espiritual, o caemos como en un pozo de suciedad.”
Primera cita del papa León XIV, cuya visita al país espera el gobierno de Milei. Reproduce un fragmento de su exhortación apostólica Dilexit te, de octubre de 2025.
Como no podían acercar el enfermo a Jesús a causa de la multitud, levantan el techo de la casa y descuelgan la camilla con el paralítico. No se dejan ganar por el “no se puede”, por el desaliento; tampoco por el “siempre se hizo así”. Al contrario, la creatividad y la audacia pueden más, y se animan; y lo hacen juntos, unidos. Una empresa tan difícil y arriesgada solo fue posible porque se pusieron de acuerdo, porque dejaron de lado por un rato sus diferencias, porque pusieron en el centro de su misión al paralítico; se pusieron a su servicio, no se sirvieron de él; porque tuvieron el mismo objetivo: acercarlo a Jesús. En términos políticos: acordaron, consensuaron; se plantearon una tarea común pensando en los más frágiles.
Una y otra vez, García Cuerva insiste en la necesidad de la búsqueda de acuerdos para superar la crisis.
Cuatro hombres fueron los que hicieron la diferencia. Cuatro personas capaces de cargar la camilla del otro. Y por qué no, cuatro actores que son esenciales para la Argentina de hoy; el actor del bien común (no como la suma de intereses, sino como la capacidad de una Nación de velar por todos sus hijos, especialmente por los más necesitados).
El arzobispo de Buenos Aires hace un nuevo llamado a la responsabilidad política.
El actor del diálogo, escuchando a todos, respetando, hablando cordialmente, buscando consensos en la diversidad. El actor de la amistad social, basta de arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo, como nos decía Francisco. Y por último, pero no menos importante, el actor de la esperanza, que como un motor interno, anima cotidianamente a tantos argentinos que todos los días hacen enormes esfuerzos y siguen apostando por un futuro mejor.
Recuerda un momento de oración del papa Francisco, en 2020, en medio de la pandemia, para insistir con la necesidad de la unidad.
Cuatro amigos, cuatro actores capaces de cargar lo que hoy tiene paralizado a nuestro pueblo y a su clase dirigente; cuatro acuerdos fundamentales: el bien común, el diálogo, la amistad social y la esperanza.
García Cuerva habla de diálogo y amistad, cuando el Gobierno -y el propio Milei en sus redes- tiene al “odio” como materia prima habitual en su discurso, plagado de insultos.
Un verdadero ejemplo para todos nosotros, porque no nos podemos permitir ser ingenuos: la sombra de una nube de desmembramiento social se asoma en el horizonte mientras diversos intereses juegan su partida, ajenos a las necesidades de todos; el “sálvese quien pueda” no es más que expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone la Nación, porque terminamos siendo solo una suma de individuos en un mismo territorio donde cada uno piensa en sí mismo y en el propio bienestar.
Recuerda una frase del cardenal Jorge Bergoglio en el tedeum de 1999, durante el gobierno de Carlos Menem, cuando dijo: “…la sombra del desmembramiento social se asoma en el horizonte”.
Hasta Jesús queda sorprendido de la fe de aquellos hombres que cargan al paralítico. El pueblo argentino es un pueblo de fe, un pueblo que, a pesar de las crisis crónicas y dificultades constantes sigue adelante y se pone la Patria al hombro. De esa reserva espiritual heredada de nuestros abuelos brotan nuestra dignidad, nuestra capacidad de trabajo duro y solidario, nuestra serenidad aguantadora y esperanzada. Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación; y que lo haga por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades.
García Cuerva alude a la problemática laboral. En los dos años que lleva Milei en el poder, se perdieron unos 120.000 puestos de trabajo privados, unos 80.000 públicos y bajaron 25.000 las empleadas en casas particulares, según registros oficiales. Crecieron, en tanto, el cuentapropismo, los trabajadores informales y los monotributistas.
Unos escribas que estaban sentados mirando el esfuerzo de aquellos hombres y el milagro de Jesús, se pusieron a hablar y criticar, apoltronados en su comodidad y en sus seguridades. Viven de privilegios; alejados del común de la gente, perdieron la sensibilidad con los que sufren, critican a los que intentan hacer el bien. Odiadores de aquella época, sentados en la casa de Cafarnaúm, haters de hoy, sentados frente a una computadora de su escritorio, o cómodamente instalados delante de una pantalla para hacer terrorismo de las redes, descalificando, difamando.
Hace un fuerte cuestionamiento a las estrategias de confrontación y estigmatización en las redes, algo muy usual de parte de cuentas libertarias –algunas, oficiales- que atacan a periodistas, medios y opositores.
Qué vigencia tienen las palabras del Papa León cuando decía en febrero de este año:
“Los invito a abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.”
Y así como aquellos escribas no lo detienen a Jesús en su deseo de sanar al paralítico, los violentos de hoy no tienen que detener a los hombres y mujeres que en nuestra Argentina quieren dar una mano, y hacer algo por la Patria con esfuerzo silencioso y paciente, sin estridencias, sin cámaras, pero con el compromiso de un pueblo que no se resigna a vivir mal, sin justicia, sin paz.
Advierte sobre las dificultades que encuentran quienes quieren aportar soluciones a la crisis.
Como en el evangelio, Jesús nos dice a todos: Argentina levántate, Argentina, vos podés. Levantarse es signo de resurrección, es un llamado a revitalizar la urdimbre del tejido de nuestra sociedad; es ponerse de pie y caminar juntos venciendo la invalidez de la desesperanza que nos lleva a hacer componendas rastreras, de la intolerancia que fermenta en nuevas formas de violencia, de la tristeza crónica que a veces se nos pega en el alma y nos hace creer que nunca vamos a salir adelante. Por eso, con el beato fray Mamerto Esquiú, a quien recordamos especialmente en el bicentenario de su nacimiento, decimos:
“¡República Argentina! ¡Noble Patria! (…) ¡Todos tus hijos te consagramos nuestros sudores, y nuestras manos no descansarán, hasta que te veamos en posesión de tus derechos, rebosando orden, vida y prosperidad!”
Argentina, toma tu camilla; es decir, no te olvides de tu historia, de los momentos en que parecía que no podías avanzar, de los próceres que te ayudaron a caminar, de los héroes que entregaron su vida por la libertad; de ese pueblo fiel que supo ponerse a los demás al hombro.
García Cuerva recuerda otros momentos en que la Argentina, con un trabajo generoso del pueblo, salió de situaciones extremas.
Memoria agradecida y reconciliada por las raíces de la Nación y por los que personalmente nos ayudaron y nos dieron la oportunidad de salir adelante; esto nos hará más buenos, más generosos y más solidarios con los que aún siguen postrados. Eso se llama empatía. Por eso es cruel y escandalosa la ostentación, el despilfarro, el derroche.
Se trata de un mensaje reiterado de la Iglesia, que hoy tiene un especial impacto, cuando el Presidente defiende el derecho de su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a volar en un avión privado para sus vacaciones, o sostiene que nada tiene de malo que funcionarios muestren sus bienes suntuarios. "Puede hacer con su plata lo que quiera, siempre y cuando la haya ganado honradamente", dijo, por ejemplo, ante las críticas que recibió el diputado libertario Manuel Quintar por exhibir su auto marca Tesla.
Y hacia el final, Jesús le dice al paralítico, Vete a tu casa; al hogar, a la familia; no como uno más, un número, sino como miembro de una comunidad, protagonista de su vida, no como un objeto de beneficencia.
Se trata de otro llamado más a no permanecer en el individualismo.
Que Argentina sea casa, sea mesa familiar a la que se sienten todos sus habitantes. Vivimos tiempos complejos, por eso es necesario estar unidos y comprometidos con los más pobres. El llamado evangélico de hoy nos pide refundar el vínculo social y político entre los argentinos. Si apostamos a una Argentina donde no estén todos sentados en la mesa, donde solamente unos pocos se beneficien, el tejido social se destruye, las brechas se agrandan y entonces terminamos siendo una sociedad camino al enfrentamiento.
La Proclama de la Primera Junta de Gobierno dirigida a todos los habitantes del Río de la Plata del día siguiente, del 26 de mayo de 1810 decía:
“Entregaos a la más estrecha unión y conformidad recíproca. Llevad a las Provincias todas de nuestra dependencia, y aún más allá, si puede ser, hasta los últimos términos de la tierra, la persuasión del ejemplo de vuestra cordialidad, y del verdadero interés con que todos debemos cooperar a la consolidación de esta importante obra. Ella afianzará de un modo estable la tranquilidad y bien general a que aspiramos.”
El primer mensaje del primer gobierno patrio al pueblo es un llamado a la unidad. No a la uniformidad, sino a la "conformidad recíproca" y a la "cordialidad". El sueño fundacional fue siempre la unión. Hagámoslo realidad. Por nosotros, por nuestros abuelos, por las futuras generaciones.
García Cuerva cita las Actas Capitulares del Cabildo de Buenos Aires 1810-1811 para destacar que la búsqueda del diálogo social está en las bases de la construcción de la República.
Que la Virgen María, Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina, interceda por nuestro país, por sus gobernantes y por todo nuestro pueblo que, desde su fe más profunda, sabe que Ella nos cuida siempre.
En tiempos de discursos que promueven el odio –con el Presidente como exponente de esta estrategia-, llamó a deponer enfrentamientos y a priorizar la búsqueda de caminos de diálogo, amistad e integración para evitar el “desmembramiento social”, concepto que tomó de cuando el papa Francisco, todavía como arzobispo Jorge Bergoglio, le advirtió al entonces presidente Carlos Menem: “La sombra del desmembramiento social se asoma en el horizonte”.
En su homilía, García Cuerva recurrió a distintas frases de los papas Francisco y León XIV, especialmente para reclamar por sectores siempre postergados y que fueron golpeados por los recortes del Gobierno, como el de los discapacitados y los jubilados. También criticó a “quienes viven de privilegios, alejados del común de la gente” y al “despilfarro” y la “escandalosa ostentación”, otro mensaje que contrasta con el discurso de Milei, que ante las críticas a funcionarios libertarios, insiste en que cada uno puede hacer “con su plata lo que quiera”.
EL DISCURSO COMPLETO
Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Este pasaje en el que Jesús cura a un paralítico corresponde al capítulo 2 del Evangelio de San Marcos y, como ocurre cada año en el tedeum, la lectura es elegida especialmente para esta celebración, en este caso por el arzobispo de Buenos Aires, que el año pasado eligió el pasaje de una niña enferma a la que Jesús sanó.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: «¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: «¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate, toma tu camilla y camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados –dijo al paralítico– yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual».
Marcos 2, 1-12
El mensaje que compartiré quiere ser un aporte, a la luz de la Palabra de Dios, para la reflexión de todos los actores de la sociedad argentina, convencido de que entre todos construimos la Patria, más allá de saber que, luego, algunas frases puedan ser tomadas de manera aislada para querer alimentar la fragmentación.
García Cuerva incluye cada año en sus homilías en los tedeum esta frase introductoria, siempre la misma, para despegarse de posteriores interpretaciones.
Como aquella gente en Cafarnaúm, hoy 25 de mayo también nosotros nos reunimos en torno a Jesús y su Palabra para juntos rezar y pedir por nuestra Patria.
Cuatro hombres acercan un paralítico a Jesús, alguien que no podía caminar, que no podía pararse por sus propias fuerzas. Hoy también muchos hermanos experimentan estar paralizados en sus esperanzas, en sus oportunidades, en su dignidad. Desde hace muchos años se sienten postrados, tirados al borde del camino de la vida, y ya no tienen fuerzas para seguir, no pueden sostenerse en sus derechos tan postergados.
Se refiere a sectores con “derechos” postergados, como una crítica a la falta de respuesta del Estado. García Cuerva no limita su reclamo a este gobierno, sino que dice que es algo que pasa “desde hace muchos años”.
Y no es cuestión de buscar rápidamente responsables, que, con sinceridad, y cada uno desde su lugar, un poco somos todos, sino en tomar conciencia que tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a curar tantas parálisis personales, familiares, y también sociales. Como aquellos cuatro hombres, que se hicieron cargo, que no buscaron culpables, sino soluciones.
Este párrafo puede ser leído como un guiño al Gobierno porque sostiene que las responsabilidades son compartidas de algún modo por “todos”.
Ellos podían caminar, y esto los hizo solidarios con el dolor ajeno; la vida seguramente les dio más oportunidades, y por eso fueron más sensibles frente al paralítico. No lo dejaron tirado, porque nadie es descartable, nadie es desechable, todos somos importantes, comenzando por los abuelos, los niños, los enfermos, las personas con discapacidad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados, y tantos más.
Como en la elección de la lectura del Evangelio, en este pasaje hay otra referencia directa a las personas con discapacidad, un sector muy golpeado por los recortes del Gobierno, que protagonizó duros reclamos. También a los jubilados, que no lograron recomponer sus haberes y que fueron afectados por ajustes en el PAMI.
El Papa León XIV nos recuerda que la pregunta recurrente es siempre la misma:
“¿Los menos dotados no son personas humanas? ¿Los débiles no tienen nuestra misma dignidad? ¿Los que nacieron con menos posibilidades valen menos como seres humanos, y sólo deben limitarse a sobrevivir? De nuestra respuesta a estos interrogantes depende el valor de nuestras sociedades y también nuestro futuro. O reconquistamos nuestra dignidad moral y espiritual, o caemos como en un pozo de suciedad.”
Primera cita del papa León XIV, cuya visita al país espera el gobierno de Milei. Reproduce un fragmento de su exhortación apostólica Dilexit te, de octubre de 2025.
Como no podían acercar el enfermo a Jesús a causa de la multitud, levantan el techo de la casa y descuelgan la camilla con el paralítico. No se dejan ganar por el “no se puede”, por el desaliento; tampoco por el “siempre se hizo así”. Al contrario, la creatividad y la audacia pueden más, y se animan; y lo hacen juntos, unidos. Una empresa tan difícil y arriesgada solo fue posible porque se pusieron de acuerdo, porque dejaron de lado por un rato sus diferencias, porque pusieron en el centro de su misión al paralítico; se pusieron a su servicio, no se sirvieron de él; porque tuvieron el mismo objetivo: acercarlo a Jesús. En términos políticos: acordaron, consensuaron; se plantearon una tarea común pensando en los más frágiles.
Una y otra vez, García Cuerva insiste en la necesidad de la búsqueda de acuerdos para superar la crisis.
Cuatro hombres fueron los que hicieron la diferencia. Cuatro personas capaces de cargar la camilla del otro. Y por qué no, cuatro actores que son esenciales para la Argentina de hoy; el actor del bien común (no como la suma de intereses, sino como la capacidad de una Nación de velar por todos sus hijos, especialmente por los más necesitados).
El arzobispo de Buenos Aires hace un nuevo llamado a la responsabilidad política.
El actor del diálogo, escuchando a todos, respetando, hablando cordialmente, buscando consensos en la diversidad. El actor de la amistad social, basta de arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo, como nos decía Francisco. Y por último, pero no menos importante, el actor de la esperanza, que como un motor interno, anima cotidianamente a tantos argentinos que todos los días hacen enormes esfuerzos y siguen apostando por un futuro mejor.
Recuerda un momento de oración del papa Francisco, en 2020, en medio de la pandemia, para insistir con la necesidad de la unidad.
Cuatro amigos, cuatro actores capaces de cargar lo que hoy tiene paralizado a nuestro pueblo y a su clase dirigente; cuatro acuerdos fundamentales: el bien común, el diálogo, la amistad social y la esperanza.
García Cuerva habla de diálogo y amistad, cuando el Gobierno -y el propio Milei en sus redes- tiene al “odio” como materia prima habitual en su discurso, plagado de insultos.
Un verdadero ejemplo para todos nosotros, porque no nos podemos permitir ser ingenuos: la sombra de una nube de desmembramiento social se asoma en el horizonte mientras diversos intereses juegan su partida, ajenos a las necesidades de todos; el “sálvese quien pueda” no es más que expresión de un individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad y descompone la Nación, porque terminamos siendo solo una suma de individuos en un mismo territorio donde cada uno piensa en sí mismo y en el propio bienestar.
Recuerda una frase del cardenal Jorge Bergoglio en el tedeum de 1999, durante el gobierno de Carlos Menem, cuando dijo: “…la sombra del desmembramiento social se asoma en el horizonte”.
Hasta Jesús queda sorprendido de la fe de aquellos hombres que cargan al paralítico. El pueblo argentino es un pueblo de fe, un pueblo que, a pesar de las crisis crónicas y dificultades constantes sigue adelante y se pone la Patria al hombro. De esa reserva espiritual heredada de nuestros abuelos brotan nuestra dignidad, nuestra capacidad de trabajo duro y solidario, nuestra serenidad aguantadora y esperanzada. Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación; y que lo haga por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades.
García Cuerva alude a la problemática laboral. En los dos años que lleva Milei en el poder, se perdieron unos 120.000 puestos de trabajo privados, unos 80.000 públicos y bajaron 25.000 las empleadas en casas particulares, según registros oficiales. Crecieron, en tanto, el cuentapropismo, los trabajadores informales y los monotributistas.
Unos escribas que estaban sentados mirando el esfuerzo de aquellos hombres y el milagro de Jesús, se pusieron a hablar y criticar, apoltronados en su comodidad y en sus seguridades. Viven de privilegios; alejados del común de la gente, perdieron la sensibilidad con los que sufren, critican a los que intentan hacer el bien. Odiadores de aquella época, sentados en la casa de Cafarnaúm, haters de hoy, sentados frente a una computadora de su escritorio, o cómodamente instalados delante de una pantalla para hacer terrorismo de las redes, descalificando, difamando.
Hace un fuerte cuestionamiento a las estrategias de confrontación y estigmatización en las redes, algo muy usual de parte de cuentas libertarias –algunas, oficiales- que atacan a periodistas, medios y opositores.
Qué vigencia tienen las palabras del Papa León cuando decía en febrero de este año:
“Los invito a abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.”
Y así como aquellos escribas no lo detienen a Jesús en su deseo de sanar al paralítico, los violentos de hoy no tienen que detener a los hombres y mujeres que en nuestra Argentina quieren dar una mano, y hacer algo por la Patria con esfuerzo silencioso y paciente, sin estridencias, sin cámaras, pero con el compromiso de un pueblo que no se resigna a vivir mal, sin justicia, sin paz.
Advierte sobre las dificultades que encuentran quienes quieren aportar soluciones a la crisis.
Como en el evangelio, Jesús nos dice a todos: Argentina levántate, Argentina, vos podés. Levantarse es signo de resurrección, es un llamado a revitalizar la urdimbre del tejido de nuestra sociedad; es ponerse de pie y caminar juntos venciendo la invalidez de la desesperanza que nos lleva a hacer componendas rastreras, de la intolerancia que fermenta en nuevas formas de violencia, de la tristeza crónica que a veces se nos pega en el alma y nos hace creer que nunca vamos a salir adelante. Por eso, con el beato fray Mamerto Esquiú, a quien recordamos especialmente en el bicentenario de su nacimiento, decimos:
“¡República Argentina! ¡Noble Patria! (…) ¡Todos tus hijos te consagramos nuestros sudores, y nuestras manos no descansarán, hasta que te veamos en posesión de tus derechos, rebosando orden, vida y prosperidad!”
Argentina, toma tu camilla; es decir, no te olvides de tu historia, de los momentos en que parecía que no podías avanzar, de los próceres que te ayudaron a caminar, de los héroes que entregaron su vida por la libertad; de ese pueblo fiel que supo ponerse a los demás al hombro.
García Cuerva recuerda otros momentos en que la Argentina, con un trabajo generoso del pueblo, salió de situaciones extremas.
Memoria agradecida y reconciliada por las raíces de la Nación y por los que personalmente nos ayudaron y nos dieron la oportunidad de salir adelante; esto nos hará más buenos, más generosos y más solidarios con los que aún siguen postrados. Eso se llama empatía. Por eso es cruel y escandalosa la ostentación, el despilfarro, el derroche.
Se trata de un mensaje reiterado de la Iglesia, que hoy tiene un especial impacto, cuando el Presidente defiende el derecho de su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a volar en un avión privado para sus vacaciones, o sostiene que nada tiene de malo que funcionarios muestren sus bienes suntuarios. "Puede hacer con su plata lo que quiera, siempre y cuando la haya ganado honradamente", dijo, por ejemplo, ante las críticas que recibió el diputado libertario Manuel Quintar por exhibir su auto marca Tesla.
Y hacia el final, Jesús le dice al paralítico, Vete a tu casa; al hogar, a la familia; no como uno más, un número, sino como miembro de una comunidad, protagonista de su vida, no como un objeto de beneficencia.
Se trata de otro llamado más a no permanecer en el individualismo.
Que Argentina sea casa, sea mesa familiar a la que se sienten todos sus habitantes. Vivimos tiempos complejos, por eso es necesario estar unidos y comprometidos con los más pobres. El llamado evangélico de hoy nos pide refundar el vínculo social y político entre los argentinos. Si apostamos a una Argentina donde no estén todos sentados en la mesa, donde solamente unos pocos se beneficien, el tejido social se destruye, las brechas se agrandan y entonces terminamos siendo una sociedad camino al enfrentamiento.
La Proclama de la Primera Junta de Gobierno dirigida a todos los habitantes del Río de la Plata del día siguiente, del 26 de mayo de 1810 decía:
“Entregaos a la más estrecha unión y conformidad recíproca. Llevad a las Provincias todas de nuestra dependencia, y aún más allá, si puede ser, hasta los últimos términos de la tierra, la persuasión del ejemplo de vuestra cordialidad, y del verdadero interés con que todos debemos cooperar a la consolidación de esta importante obra. Ella afianzará de un modo estable la tranquilidad y bien general a que aspiramos.”
El primer mensaje del primer gobierno patrio al pueblo es un llamado a la unidad. No a la uniformidad, sino a la "conformidad recíproca" y a la "cordialidad". El sueño fundacional fue siempre la unión. Hagámoslo realidad. Por nosotros, por nuestros abuelos, por las futuras generaciones.
García Cuerva cita las Actas Capitulares del Cabildo de Buenos Aires 1810-1811 para destacar que la búsqueda del diálogo social está en las bases de la construcción de la República.
Que la Virgen María, Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina, interceda por nuestro país, por sus gobernantes y por todo nuestro pueblo que, desde su fe más profunda, sabe que Ella nos cuida siempre.
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